Pollyanna es el título de una novela escrita por Eleanor H. Porter en 1913 cuya protagonista se caracteriza por jugar a ver siempre el lado postivo de cualquier situación para alegrar a los que tiene alrededor. Y eso que la vida de Pollyanna no es un camino de rosas. Al quedarse huérfana de padre y madre, se marcha a vivir con tía Polly, una soltera de rígidas costumbres, con quien, además, sufre un accidente que le deja parapléjica. Todas estas contrariedades, no obstante, no consiguen eliminar la sonrisa de la cara de esta niña ni liberarla de su responsabilidad de hacer feliz a los que la rodean.

El libro fue todo un éxito de ventas, al igual que las secuelas que escribió Eleanor H. Porter después, dando paso a varias adaptaciones cinematográficas a los largo del siglo, incluso a una nueva palabra en el diccionario inglés:
Pollyanna • noun an excessively cheerful or optimistic person.
— ORIGIN the name of the optimistic heroine created by the American author Eleanor H. Porter (1868-1920)
Aunque originariamente Pollyanna sea una historia para niños, la figura de esta chica feliz hasta el extremo se ha convertido en un símbolo del optimismo y ha sido utilizada en el mundo académico para denominar ciertas actitudes o tendencias en las que predomina “lo positivo”. La American Psichological Association recoge la “hipótesis de Pollyanna” como la tendencia en las personas a usar términos valorativos positivos con mayor frecuencia que los negativos. Esta preferencia por “lo bonito” es la base del “Principio de Pollyanna” (también conocido como pollyannismo o sesgo positivo), descrito por Matlin y Stang en 1978, que define la tendencia en la gente a estar de acuerdo o apoyar los mensajes positivos sobre sí mismos.
Política, relaciones públicas, márketing y publicidad son algunas de las disciplinas que tradicionalmente se han servido de este principio, vendiendo sólo los aspectos positivos del partido o producto que representan. Pero el juego de Pollyanna va más allá de este principio porque incluye un elemento clave: la responsabilidad social de ser feliz. ¿Jugamos?



Me gusta, muy curioso.
Amigas de VOVA,
Estoy de acuerdo con vosotras en que estamos sufriendo una avalancha de mensajes positivos, ñoños y baratunos que además puede hundirnos más en el fango si aquí nadie reacciona pronto. Y por fin encuentro un rato para contaros que vuestro artículo me remite al sobado “Yes, we can” (*) o al hipócrita “estosololoarreglamos…argh!” para llegar a la conclusión de que el mensaje es un regalo envenenado en forma de subterfugio para no afrontar los miedos y la realidad de cada día. Creo que este síndrome pollyánico es la respuesta de la mayoría zombie a las confabulaciones manipuladoras de los medios y el poder, de manera que si seguimos jugando la historia sólo puede acabar en tragedia. Y lo cierto es que empieza a oler a podrido…
Me parece que necesito otros estímulos más transparentes para empezar a fomentar mi responsabilidad social de ser feliz, que parece que el lado más oscuro de la ciencia-ficción ha llegado para quedarse. En definitiva, que a mí me encantaría jugar pero esta vez paso.
¡Ánimo, enhorabuena y besos!
Germania
(*) http://farm5.static.flickr.com/4052/4524833827_dabcbf28d6_o.jpg
“Yes, we want”, la campaña de la discordia… jajajaja.
Que viva, “glad game” (algo así como juego de la alegría), el hábito que lleva a Pollyanna ha encontrar el lado positivo a cada situación con la que se tope en su vida.